Japón: día 1

Cuando hace unos meses me propusieron ir a China y Japón, me sonó una idea bastante loca. Me animé sin pensármelo mucho, y según se acercaba la fecha me entró la duda de si había hecho bien. Ahora sé que no sólo hice bien, sino que es probablemente lo mejor que he hecho nunca. No hay nada que te abra tanto la mente y que te aporte tanto como viajar, y más si lo haces a un lugar tan diferente.

Aprovechando que, desgraciadamente, está de moda hablar de Japón, empiezo una especie de mini diario con lo que vivimos allí. No será largo ni será detallado. Probablemente no será ni lo que pasó exactamente, pero sí será lo que sentimos allí ;)

Tras más de un día de trayecto, con escala en París y Beijing, y la consecuente resaca producto de la fiesta pekinesa, a media tarde estábamos en el aeropuerto de Narita, estábamos en Tokyo. Pasamos el control de aduana, en el que me tienen que ayudar para entender el “How many days are you going to stay?” en un inglés bastante peor que el mio. Al salir de la terminal, el contraste cultural es brutal: todo lleno de caracteres escritos en vertical que, a ojos occidentales, parecen no tener ningún tipo de orden. Como buenos turistas, preguntamos dónde se cogen los billetes para la JR Line que te lleva al centro de Tokyo, a Uedo. Un amable guardia nos indica las taquillas, y una guapa taquillera nos pregunta si queremos el billete lento o el rápido. “En el que tú vayas” pensamos todos. Cinco minutos en tierras niponas y ya estábamos enamorados de la belleza japonesa ;) Al final cogemos el lento por ahorrarnos unos buenos euros que nos van a hacer falta, y poder ver con un poco más de calma el trayecto. Fueron 40 minutos de ver ciudad, ciudad y más ciudad por la ventana del tren. La via del tren transcurre entre edificios, carreteras, cruza varios rios canalizados, … ¿Habéis visto Oliver y Benji (o cualquier serie anime) en la que van al río de su ciudad a entrenar? Perfectamente canalizados, con muros en cuesta de varios metros de alto, nunca has visto uno igual en España… Pues son de verdad.

Ya de noche llegamos a Uedo, centro de Tokyo, si es que una ciudad de 36 millones de habitantes puede tener algo llamado “centro”. No nos hacemos a la idea de qué son 36 millones de personas. En Madrid capital somos algo más de 3 millones. En España somos unos 45 millones. En China, unos 1300 millones.

Agotados del viaje y muertos de hambre, sin ganas de pelear por conseguir comida, decidimos ir al sitio más fácil: el McDonalds. “Bravo” diréis, 1 hora en Japón y os vais a la comida rápida. Pero creednos que la resaca y el hambre no ayudan a tomar buenas decisiones ;) La intuición nos decía que en un sitio de este tipo, los empleados sabrían inglés. Craso error. La carta en japonés nos hizo sudar hasta que el hábil encargado le dio la vuelta y apareció en inglés.

Ya con energías renovadas, pusimos dirección a nuestro albergue. Albergue sí, a nuestra edad… Pero es que el alojamiento y el transporte son bastante caros en Japón comparados con nuestro nivel de vida. Unos 30€ la noche en albergue. Eso sí, los mejores albergues en los que hayáis podido estar en vuestra vida. Nosotros nos alojamos en el K’s House en el barrio de Kuramae, a 30 minutos andando de Uedo. Los recepcionistas encantadores. Alguno quería quedarse a vivir allí con la amable May ;) Tras unos minutos de descanso, el hambre volvió y decidimos, ahora sí, probar auténtica comida japonesa. Nos aventuramos a probar la increíble experiencia de coger el metro en territorio desconocido. Bajamos a la estación de Kuramae y nos encontramos ante una máquina de billetes y un mapa en kanjis con números. No teníamos ni idea de como funcionaba aquello hasta que el taquillero nos echó una mano a base de señas. Resulta que tú miras en el plano la estación a la que quieres ir, miras el importe, y pides un billete de ese importe.

En Tokyo cada línea de metro es independiente de las demás (como si fueran de compañias diferentes) y cada vez que haces transbordo hay que salir y pasar por otros torniquetes. Como curiosidad, allí los torniquetes no están cerrados y se abren al pasar el billete: están abiertos y se cierran si no lo pasas. Cultura totalmente diferente.

De vuelta en Uedo vemos unos cuantos pachinkos a punto de cerrar. Debían ser como las 10pm. Horario extranjero ya sabéis, a las 6pm para casa que cierra todo.

Entramos en una tasca que parece bastante típica de allí. No recuerdo qué pedimos exactamente, pero sé que nos quedamos con un poco de hambre ;)

Al final completamos a base de arroz y para casa. Despertamos a nuestros compañeros guiris de habitación (no será la última amigo Ryan) y a dormir… mañana será un gran día x)


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