Ansia de mar

El mar tiene algo que a los de interior nos hipnotiza. Nos atrae a tostarnos bajo su sol y su brisa. A perder, literalmente, la piel por pasar un ratito junto a él.

Sin embargo, las costas del norte son totalmente opuestas a las mediterráneas. El norte, escarpado, no permite llevar nuestras segundas viviendas a primera línea de playa. Y bien que hace. El este y sur, inocentemente más llanos, no impiden que nuestra avaricia llegue hasta tocar el agua. Aunque nos tengamos que levantar con unos kilos de arena en la terraza a diario.

Arriba Santander. Debajo Oliva, Valencia.


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